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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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Asia Central 



La familia misionera de María 



Marzo 22 Como María Vatanovich b contó a MISIÜJN 

Cuando un misionero entra a trabajar en una área nueva, toda la familia 
se involucra en la obra de Dios. 



[Pídale a una adolescente que presente este 
relato en primera persona.] 

Mi nombre es María. Mi familia y 
yo somos misioneros en Asia 
Central. Nos mudamos a una ciudad 
muy grande de esta región en el año 
2005. 

Llegamos sin conocer a nadie aquí, 
pero estábamos entusiasmados por com- 
partir el amor de Dios. Sin embargo, 
primero tuvimos que encontrar donde 
vivir. Mis padres pasaron varios días 
buscando un departamento para alqui- 
lar. Pero cuando la gente se enteraba de 
que éramos cristianos, y peor todavía, 
que éramos misioneros, nos echaban. 
Estoy segura de que mis padres se sentí- 
an un poco desilusionados; pero al fin, 
encontraron un departamento que nos 
permitieron alquilar. 

Otras personas hacían difícil nuestra 
permanencia en el pueblo. Un día llega- 
ron unos oficiales a la casa y se llevaron 
a mis padres a la estación de policía. Los 
interrogaron por horas, examinaron sus 
documentos, y revisaron algunos de los 
libros religiosos que encontraron en el 
departamento. A pesar de que mi mamá 



tenía a mi hermanito en brazos, no la 
dejaban ir. Mis padres contestaron sus 
preguntas con sinceridad y les dijeron 
que eran adventistas del séptimo día. A 
pesar de todo lo que estaba pasando, mis 
padres buscaban una oportunidad para 
compartir la Palabra de Dios con los 
policías que los interrogaban. Después 
de horas de hacerles preguntas, el capi- 
tán le pidió a mi papá una Biblia para 
niños y algunas lecciones. Luego deja- 
ron a mis padres en libertad. El Señor 
había convertido una situación difícil en 
una bendición por la cual le agradeci- 
mos mucho. 

Nuevo hogar, nuevos problemas 

Mis padres encontraron una casa 
pequeña en otra zona de la ciudad y nos 
cambiamos de residencia. Pero nuestra 
llegada fije anunciada en la casa de ora- 
ción local y de nuevo llegaron los pro- 
blemas. Unas pandillas de adolescentes 
llegaron a nuestras puertas, amenazán- 
donos y buscando pelear. Pero mi padre, 
con calma, les recordó que sus acciones 
no estaban de acuerdo con las escrituras 
de su religión; les leyó unos pasajes de su 



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Biblia, y los jóvenes se fueron de la casa. 

A menudo fuimos despertados de 
noche por piedras que golpeaban nues- 
tro techo o que rompían nuestras venta- 
nas. Una vez, alguien entró a la casa y 
robó un equipo muy caro que tenía mi 
padre. Después llegó de nuevo la poli- 
cía, acusándonos de repartir drogas a los 
vecinos. Claro que no era cierto, pero 
tuvimos que soportar horas de interro- 
gatorios. 

A pesar de todas las dificultades que 
han vivido mis padres, siguen siendo 
fieles a Dios y al llamamiento de ser 
misioneros en esta ciudad. Poco a poco 
la gente he dejado de acosarnos y ha 
empezado a escuchar nuestro mensaje 
del amor de Dios. 

Una oportunidad para compartir 

Con frecuencia la gente me detenía 
en la calle y me preguntaban: 

«¿Quién eres, y por qué estás aquí?» 
Una niña que me preguntó esto se con- 
virtió en mi amiga. Su nombre es 
Fátima. Cuando me preguntó por qué 
había llegado a la ciudad, le dije que 
habíamos venido a compartir con la 
gente la Palabra de Dios. La invité a la 
casa por si quería conocer más acerca 
del Señor. Fátima vino y escuchó histo- 
rias de Jesús. 

Después de estudiar las lecciones 
bíblicas por un tiempo, ella decidió 
bautizarse. Ahora es miembro activo de 
la Iglesia Adventista. 

Una vez, los maestros de la escuela 
programaron una cita con los padres un 
sábado. Le comenté a mi mamá y fue a 
ver a la maestra. Le informó a la maes- 
tra que éramos adventistas y que no par- 



ticipábamos en actividades seculares en 
sábado. En vez de enojarse, la maestra se 
interesó y quiso saber más sobre nuestra 
religión. Ella ha comenzado a estudiar la 
Biblia con mis padres. 

Le conversé a Nadia, una amiga de la 
escuela, sobre mi fe. Ella le comentó a 
su mamá y ahora nuestras madres son 
amigas. La mamá de Nadia ha asistido a 
varios seminarios que han tenido mis 
padres y Nadia viene los sábados a par- 
ticipar del culto. Tiene una maestra dis- 
tinta que la mía, pero le dijo que no 
asistiría a clases los sábados porque ese 
día, ella va a la iglesia. 

Ser un misionero en Asia Central no 
es fácil, pero Dios nos ha dado pacien- 
cia y nos ha bendecido con nuevos ami- 
gos para Jesús. Sus ofrendas misioneras 
sostienen a obreros como nosotros en 
áreas difíciles donde damos a conocer el 
amor de Dios a los que nunca habían 
oído de él. ¡Gracias! 



María Vatanovich y su familia son pioneros de 
Misión Global que trabajan en Asia Central 

Datos de interés | 

f*' Los países de Asia Central 
incluyen a Kazajstán, 
Kirguizistán, Tadjikistán, 
Turkmenistán, y Uzbekistán. La 
mayor parte de los habitantes de 
esta región siguen la religión 
musulmana. 

(•^ Unos 26.8 millones de perso- 
nas viven en los países de Asia 
Central, de los cuales, 6.600 son 
adventistas. Es decir, un adven- 
tista por cada 8.943 habitantes. 



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